19/2/26

Perspectivas actuales del anarcosindicalismo

 

PERSPECTIVAS ACTUALES DEL ANARCOSINDICALISMO

 

El nuevo concepto de sindicalismo “civilizado”, no es más que el impulso reformista que barre a los obreros del destino de su historia, para convertir a ese “movimiento” en algo completamente amorfo, pasivo, sujeto a intereses completamente ajenos a su antigua trayectoria emancipadora. Es real, el reformismo cabalga y se introduce por todas partes, incluso en organizaciones como la CNT que desde siempre se autoproclamaron revolucionarias. El movimiento obrero -hoy en día- no es más que un cadáver que no responde a sus propias motivaciones sino a la inercia de un sindicalismo amorfo, autoritario, jerárquico, burocrático y economicista. La desmovilización del movimiento obrero (a pesar de las movilizaciones, ¿movilizaciones para qué?) y la injerencia de los partidos políticos de orden a través de sus correas de transmisión, también llamados sindicatos de clase, no pretende -y esa es su misión en la sociedad presente- otra cosa que controlar e integrar a los trabajadores al sistema capitalista. La desmovilización a la que se ve sometido el movimiento obrero trae consigo el auge de las organizaciones burocráticas con sus pactos y toda clase de remiendos y tramoyas con el fin de servir a sus intereses partidistas que van por otra parte ligados a los mismos (o parecidos) intereses del poder. La injerencia de los partidos políticos “de orden” a través de correas sindicales no pretenden otra cosa que controlar e integrar a los trabajadores al sistema burgués. La crisis del movimiento obrero facilita las cosas a los aparatos obreros con el fin de “movilizar” la desmovilización, o sea controlar a la mayor parte de la clase obrera dentro del marco legalista que estos mismos aparatos establecen con sus pactos y consensos con el Capital y el Estado. De esta desmovilización es beneficiario directo el sistema capitalista.

El proceso político español no ha tenido bastante con una serie de elecciones generales, municipales y aprobar una Constitución, que ha necesitado de unas elecciones sindicales, un pacto social (Pacto de la Moncloa) y una Ley de Convenios Colectivos, para apuntalar su nuevo edificio reaccionario (aunque reformista), rayando en el corporativismo, hoy en día camuflado en el sindicalismo de nuevo cuño de la Comisiones Obreras y de la Unión General de Trabajadores. Con todo ese proceso se ha conseguido eliminar todo tipo de democracia directa, de autoorganización, de asambleísmo e inclusive de espontaneidad. El sindicalismo español (según ley) no tiene otro cauce que el de la acción mediada o reformista, el sindicalismo revolucionario (la acción directa) como siempre, está fuera de la ley. Aquí es donde hay que recordar que las leyes están hechas para fortalecer el poder y que el anarcosindicalismo es un arma de combate para luchar contra todo tipo de poder. Precisamente por su obstinación a no acatar las leyes del poder la CNT fue perseguida a muerte.

El anarcosindicalismo como tendencia anarquista organizada dentro del movimiento obrero, dentro del campo sindical, con más o menos incidencia, necesita -si quiere sobrevivir- romper el cerco a que la tienen sometida gobiernos, jueces, policías, patronos y organizaciones políticas; el actual anarcosindicalismo español no puede caer en la contradicción de bailar entre dos agua, es necesario definirse claramente, debatir profundamente sobre qué significa hoy anarquismo y que significa hoy anarcosindicalismo, e, inclusive, es completamente necesario buscar una salida anarcosindicalista que permita romper el cerco. Será necesario que el anarcosindicalismo actual deje de mirarse el ombligo y salir a la luz pública de una vez por todas y reiniciar toda una serie de actividades que hasta el momento no ha realizado o han sido mínimas con el fin de incidir entre la población y entre la clase trabajadora. El anarcosindicalismo, si quiere salir de la crisis que padece, si quiere sobrevivir en la sociedad actual, necesita un empuje realista que le permita salir del atolladero en que se encuentra, abandonando los caminos sin salida y las crispaciones internas. Caminos y discusiones que no llevan a ninguna parte a no ser que sea a la escisión organizativa y al divorcio con la realidad social de este país.

Cuando en 1976 se reconstruye la CNT no se tiene en cuenta que las circunstancias son muy distintas a la de los años treinta con un verdadero movimiento de masas, con un espíritu revolucionario incubado en el seno del movimiento obrero, con un asociacionismo multitudinario y de amplia tradición entre las capas populares. Incluso, años atrás, cuando se funda la Confederación (1910) en la que ya había una clara incidencia libertaria y revolucionaria en el seno del movimiento obrero, debido al didactismo de epopeya de anarquistas e internacionalistas desde la mitad del siglo XIX entre los trabajadores y los campesinos. En 1910 confluyen toda una serie de elementos bajo un mismo presupuesto que se traduce en la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo. La influencia de organizaciones gremiales, de asociaciones internacionalistas, de agrupaciones vegetarianas, naturistas, esperantistas, antimilitarista…, y el desarrollo de todo un trabajo cultural realizado en diarios, revistas, folletos, libros, certámenes, etc., dio como resultado un importante conglomerado del que se vería beneficiado claramente la CNT.

En 1976 las circunstancias eran otras, las nuevas generaciones trabajadores no conocían nada o muy poco de la CNT y del anarcosindicalismo, la lucha heroica de los años cuarenta / cincuenta habían caído en el saco roto del olvido, el sacrificio de tantos militantes no había servido para nada, y la revolución de 1936 quedaba demasiado lejana para los nuevos trabajadores, los cuales inmersos en la tecnificada sociedad de consumo eran consumidos por su propia impotencia. El régimen de Franco sucedía a Franco con la camisa cambiada, las nuevas generaciones ni conocían la historia de la CNT con sus éxitos y sus fracasos, ni habían tenido la influencia anarcosindicalista que tuvieron los trabajadores cuando se fundó la CNT. España, las clases trabajadoras, habían perdido la influencia anarcosindicalista que tuvieron antaño. Los obreros de este país, tras cuarenta años de franquismo, habían dejado de ser anarcosindicalistas. ¿Por qué? Quizá por Franco que se empeñó en fomentar el comunismo, a la vez que hacía encarcelar, torturar, fusilar o enviar al exilio a miles de compañeros cenetistas acusándolos simplemente de bandidos, delincuentes comunes, terroristas. El anticomunismo de Franco fue una verdadera propaganda para el comunismo español; o quizá los propios fallos de la Organización Confederal, tanto del interior como del exterior, dividida y enfrentada en dos posiciones antagónicas desde 1945 hasta 1961, con lo que se perdió un tiempo preciosos y se quemó una militancia que no pudo resistir el embate de la última década del franquismo, que fue, ni más ni menos, donde se fraguó la incidencia posterior del movimiento obrero. A todo ello deberíamos añadir la influencia real de las Comisiones Obreras desde 1962 y la paulatina infiltración del partido comunista en las mismas bases obreras hasta adueñase por completo del aparato sindical convirtiéndolo en un factor político al servicio de los intereses partidistas. Las Comisiones Obreras que habían nacido en las minas de Asturias y se extendieron por la industria vizcaína y catalana como un movimiento espontáneo que intentaba coordinarse a nivel local y nacional para llevar a cabo sus luchas reivindicativas todavía por la acción directa, se convirtió en un aparato obrero al servicio del Partido Comunista de España. Cuando la CNT se reorganiza, tras la muerte del dictador, no solamente debe empezar de cero. sino que comete un grave error del que todavía no se ha desprendido al estructurarse por arriba creando comités cuando aún no existían los sindicatos ni las federaciones locales, y -lo más grave, todavía- estriba en la reorganización de una sindical obrera que nace divorciada de la mayoría de la clase obrera. La reorganización de la CNT se realiza fuera del lugar de trabajo. Este error organizativo permite el inicio de una sorda lucha por el poder (la miel del poder es muy grande), desde dentro y desde fuera de la organización confederal todo serán trabas para impedir el buen funcionamiento de la CNT, la tónica general no variará en los siguientes años, esta lucha interna colapsará el desarrollo del movimiento anarcosindicalista con el natural desencanto de quien esperaba de la CNT algo más que un simple “NO”.

A pesar de todo, no hay que pensar que todo ha sido nefasto, la CNT es la única organización obrera que hasta el momento ha logrado mantenerse al margen del proceso político de la reforma con sus rechazos constantes a todo lo que significa pactismo, electoralismo, sucursalismo. Este no integrarse al proceso político actual le ha costado muy caro al cenetismo (el caso Scala y otros montajes son ejemplos muy conocidos), pero, también hay que decirlo, la CNT mi ha tenido la incidencia de Comisiones obreras, ni ha recibido la ayuda alemana de la UGT, ni tampoco se ha valido de los aparatos del Estado ni de sus subvenciones, al contrario, en su paso a la legalidad, el camino no ha sido de rosas ni mucho menos; tras su reorganización ha continuado siendo perseguida como en los buenos tiempos: calumniada, criminalizada, boicoteada, acorralada… La táctica es clara, si la CNT no acepta a integrarse en el meollo “democrático” es continuamente atacada, y lo es tanto desde dentro como desde fuera con el fin de distraerla hacia sus propios problemas internos, mientras los partidos políticos y sus centrales sindicales se lleva el gato al agua, o sea, culminan e proceso de estabilización el nuevo régimen. Ante todo, este panorama -en muchos aspectos- desalentador se propone la realización de un Congreso Confederal que será el quinto celebrado desde la constitución de la CNT. Como un cometa en el firmamento confederal, el quinto Congreso se nos presenta imparable, a la vuelta de la esquina, en octubre. La proximidad de este Congreso nos invita a reflexionar sobre dos puntos esenciales, primero, sobre el funcionamiento actual de la CNT, con sus fallos elementales en sindicatos, federaciones locales, secciones sindicales y comités; segundo, sobre la manera de normalizar y regular la organización: ¿qué debe ser la CNT en 1979?, teniendo en cuenta que el último Congreso Confederal se celebró en 1936 y que, desde aquel entonces, ha llovido mucho. Desde el principio este congreso ha encontrado una serie de oposición, pues hay quien opina que si no funciona los organismos estructurales de la CNT, y los Plenos son lo que son, pues que sería un Congreso en estas circunstancias sino un congresillo en el que la CNT y el anarcosindicalismo no harían otra cosa que el ridículo; por otro lado, otros opinan que es necesario realizar un Congreso para limitar y regular lo que debe ser la CNT en los años ochenta que ya se avecinan y no depender siempre de un Congreso celebrado en 1936, cuando son tantas las cosas que han cambiado desde aquel histórico ayer. Pero la verdad es que el Congreso ya está a la vuelta de la esquina y, pese a quien pese, resulta imparable.

Ante la proximidad del Congreso y al análisis de estas dos tendencias y ante la situación interna de la CNT, considero que ambas pueden tener y en efecto tienen algo de razón, pues, si la primera es una crítica que nos invita a reflexionar sobre el funcionamiento actual de la Confederación, la otra -o sea la que propicia el Congreso- nos invita a confrontar y debatir los problemas actuales de la Organización a nivel de todos los sindicatos del país con la intención de buscar una luz que saque a la CNT del atolladero donde se ha visto metida por unos y por otros, e incluso por aquellos que organizados con un fin determinado y ajeno a los principios anarcosindicalistas pretenden convertir a la CNT en una organización más dentro del panorama actual, pero diferente desde sus análisis completamente políticos. Aunque la situación interna y la imagen pública de “crisis” que se pretende vender desde los medios de comunicación nos ayuda mucho a poner la suficiente calma necesaria para debatir los problemas tangentes de la CNT en el próximo Congreso Confederal, no es extraño pues, afirmar que la CNT y el anarcosindicalismo han entrado en una pendiente resbaladiza con negros presagios de escisión, marginación y desintegración. Naturalmente, en estas circunstancias, podrá o no podrá (todo depende de la ilusión que pongan los sindicatos) salir del atolladero en el que se halla inmersa, será necesario desarrollar un gran esfuerzo entre todos para realizar un verdadero debate, un análisis real de la actual situación cenetistas, habrá que pisar firmemente el suelo para saber hacia dónde nos movemos, ya basta de andar por terrenos escurridizos, ya basta de hacer la política del avestruz. Es necesario debatir y confrontar ideas, buscar soluciones a corto, medio y largo plazo, realizar un verdadero esfuerzo parar estabilizar a la Confederación bajo los presupuestos anarcosindicalistas y libertarios y -nuevamente- trabajar intensamente para arraigar entre los trabajadores y entre amplias capas de la población, si es que realmente la CNT pretende ser un vehículo o arma de combate cuyo fin sea la revolución social.

El Quinto Congreso debe servir para (a más de ratificar los principios, tácticas y finalidades) debatir que se entiende por anarcosindicalismo en nuestros días y como poner en práctica esos contenidos libertarios que hacen de la CNT una organización sindical diferente a las demás. La necesidad obliga a establecer cuál es el marco de acción de la CNT, es necesario que quede todo clarificado y que sepamos de una vez por todas que si el anarcosindicalismo es anarquismo llevado al campo sindical, pues que este sea el marco auténticamente anarcosindicalista de la CNT y que si el ser anarcosindicalista significa ser libertario, pues que la organización se atenga también a esto y pueda desarrollar todo tipo de estrategias dentro de la sociedad por muy globales que sean, no limitándose solamente al mundo laboral sino abarcar todos aquellos aspectos o problemas de la vida que puedas afectarnos.

Esta estrategia global anarcosindicalista y libertaria de la CNT encontrará su camino en la lucha global en todos los campos, desde el campo laboral al ecológico, pasando por el ensamblaje con el ateísmo y con el espectro cultural y vivencial (contracultura), sin olvidar la defensa y el apoyo a los grupos sociales (incluso a los marginales) de la sociedad actual. Esta estrategia de lucha pasaría por desarrollar una serie de tácticas en todos los campos de lucha contra toda forma organizada de poder: Capital, Estado, Gobierno, Ejército, Iglesia, etc. Será necesario que la CNT se encuentre a sí misma, clarificando el terreno sin caer en las trampas reformistas y por ende integradoras, por esto la estrategia global deberá aportar a la Organización la suficiente visión para que no vuelvan a repetirse las tremendas contradicciones cometidas en los tres años y pico de reconstrucción cenetista. Si la CNT es anarcosindicalista, es decir está por la acción directa, el federalismo, la autogestión…, deberá moverse con tales presupuestos y nunca por el posibilismo hacer todo lo contario de lo que se predica.

La estrategia global anarcosindicalista y libertaria de la CNT encontrará su camino si sabe conjugar -sin contradicciones- estas dos tendencias que forman un solo cuerpo y que permiten plantear una lucha seria en todos los campos en que se mueve el ser humano. La CNT que pretende la transformación de la sociedad, debe iniciar desde el mismo individuo a fomentar la sociedad por la que lucha y que su práctica cotidiana lleva implícita. No queremos la revolución para mañana, la revolución empieza ahora mismo. Si queremos una sociedad libre debemos empezar por crear hombres y mujeres libres, si queremos una sociedad comunista libertaria deberemos no solamente fomentar el comunismo libertario sino empezar ya a fomentar el apoyo mutuo y la solidaridad.

El anarcosindicalismo supera con creces al sindicalismo revolucionario, pues el anarcosindicalismo lleva implícita una filosofía que abarca todo lo concerniente a la humanidad, mientras que el sindicalismo revolucionario queda solamente en eso, o sea, en una estrategia revolucionaria para la lucha sindical, pero no va más lejos de los objetivos del campo reivindicativo. El próximo Congreso debe dejar bien claro cómo poner en práctica -en nuestros días- la acción directa. Es necesario que quede bien debatido en el seno de la Organización para que esta pueda marchar sin contradicciones hacia sus objetivos revolucionarios. La acción directa (pieza fundamental del anarcosindicalismo) pasa hoy por la necesaria ruptura de los convenios colectivos y de los comités de empresa salidos de las elecciones sindicales, verdaderos frenos junto a las organizaciones “neoverticalistas” de las luchas anticapitalistas.

Quien niega la posibilidad de una alternativa global de tipo libertario y de acción anarcosindicalista, será negando la única posibilidad (y no es mesianismo, los resultados están al alcance de cualquiera) de recambio que tiene la sociedad actual, inmersa en una profunda crisis: económica, energética, ecológica, humana y social.

El despilfarro de la sociedad actual, el consumismo atroz, las falsas promesas de bienestar de la socialdemocracia, etc., han llevado el caos al mundo occidental con el deterioro de la vida, el paro galopante, el desequilibrio planetario y la destrucción del medio ambiente. Por otra parte, el despotismo (no ilustrado) de los países “socialistas” que están demostrando al mundo el error de Marx, no han hecho más que profundizar el desencanto en que se haya sumergido el obrerismo revolucionario internacional. La hipócrita sociedad de consumo del capitalismo de mercado libre y la subyugada sociedad de los países del capitalismo de Estado, junto a la intoxícate deshumanización del hombre nos hacen pensar que no iban tan equivocados los anarquistas cuando pretendían crear una sociedad que no estuviese sometida a los autoritarismos y a los corsés que hoy conocemos, todo al contrario preconizaban una sociedad basada en la libertad individual y en la colectivización del trabajo, donde cada individuo fuese el dueño de su propia vida. Pero, a pesar de todo, la utopía todavía es posible, nadie puede negar al ser humano el derecho a soñar y a trazar las líneas de una nueva sociedad diferente de la que ahora mismo rige el mundo. La utopía todavía es posible…

El anarcosindicalismo puede volver a ser lo que fue en nuestro país (a pesar de que las circunstancias son otras), si sabe desarrollarse a sí mismo, es decir, sin tiene suficiente tenacidad como para romper todos los corsés que intenta ponerle al “movimiento obrero” y a la sociedad en general. La CNT tiene como misión devolver al pueblo trabajador la ilusión que ha perdido; si la CNT no logra autoorganizar un proletariado consciente y revolucionario con ideas manumisoras, todo esfuerzo habrá resultado en vano, y la Organización confederal no dejará de ser otra cosa que un grupo marginal nutrido por un “lumpenproletariado” formado por elementos de baja formación, parados, vividores, iluminados y anarquistas de salón. La CNT por su historia no merece este final, antes de llegar a esto sería preferible dejar morir en paz a tan heroica organización. Si los tiempos no son favorables, mucho tendrán que cambiar las cosas para que podamos ver nuevamente una CNT fuerte, quizá con tanta lucha interna acabarán por desentenderse del enemigo común, de ese enemigo que se ríe de los fracasos y de las peleas cenetistas. Quizá cuando queramos virar la nave, ya será demasiado tarde, y, entonces, no nos quede otro remedio que manifestar aquella frase popular que dice: <<Entre todos la mataron y ella sola se murió?>>

(Escrito de 1980 para la revista Nada que no llegó a publicarse al cerrar dicha publicación)

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