3/9/13

Barrio Chino / Raval

VIAJE AL CORAZÓN DEL BARRIO CHINO   

FERRAN AISA
 

(Barricada el juliol de 1909 al carrer de la Cadena-Aurora)


El Barrio Chino de Barcelona fue durante mucho tiempo, debido a su peculiar manera de ser, un lugar literario idóneo. Fue un imaginario que atrajo a periodistas, artistas, poetas y escritores tanto autóctonos como foráneos. De aquí la importante literatura que generó a lo largo del siglo XX. Debido a las transformaciones que ha sufrido en los últimos años es importante saber como se formó este barrio y cual ha sido su singular historia.
El Barrio Chino o Distrito V, actualmente conocido como Raval, vivió su etapa “gloriosa”, en el primer tercio del siglo pasado. El barrio, gracias a su situación geográfica dentro de la gran ciudad, muy cerca del puerto y lindando con dos de las principales arterias de Barcelona, la Rambla y el Paralelo. Fue lugar de paso de los transeúntes que llegaban a la ciudad, refugio de bohemios y revolucionarios románticos y centro de diversión para los habitantes del resto de Barcelona. En su laberinto de callejuelas estrechas se apiñaba una densa población formada por catalanes, emigrantes españoles y algunos extranjeros que ofrecían una nota original en su manera de vivir. La esencia popular de sus habitantes llenaban la calle de vitalidad. Salir a la calle era una de las cosas más habituales, así como contemplar el aire pintoresco de quienes deambulaban arriba y abajo buscándose la vida. Un paseo por el barrio significaba aspirar la esencia húmeda de los adoquines cuando eran regados, sentir el fuerte olor aceitoso de las cocinas de los bares, contemplar en los tendederos de los balcones como temblaba la ropa al viento o por las noches subir a los terrados a contemplar las estrellas. En los humildes pisos del barrio se apiñaban gentes de todas la edades, pues todavía no se había roto la estructura generacional de abuelos, padres e hijos. En los momentos de euforia económica de la ciudad, el barrio acogió a emigrantes de todos los puntos de la península, muchos de los cuales vivían realquilados en condiciones infrahumanas. La densidad del barrio será comparada a ciudades como Shangai, pero, a pesar de ello, no le viene el nombre por este camino sino por la comparación que hizo el periodista Ángel Marsà con el Barrio Chino de San Francisco (Califonia), aunque no es el único en reivindicar este nombre, pues también se les atribuye a otros autores, Lluís Capdevila señaló al periodista Francisco Madrid, y también se ha hablado del periodista bohemio, Miguel Toledano, el cual parece ser que el nombre de “Chino” ya lo había inventado antes que los anteriores al comparar el Distrito V  de Barcelona con el famoso barrio “Chinatown” de San Francisco. El cronista Sempronio dio a conocer otra versión sobre la paternidad del arbitrario nombre: <<En los barrios bajos de todas las grandes ciudades, como es natural, alternan el vicio y la virtud, el trabajo y el ocio, el bien y el mal. Entonces, el sector honesto se duele de semejante promiscuidad e incluso, en ciertas ocasiones se queja a las autoridades. Así ocurrió, cuando en la dictadura primorriverista, al gobernador civil, general Milans del Boch, a quien diariamente le llegaban los lamentos de la gente decente que habitaba en el barrio de Atarazanas. Su distrito aparecía en la prensa asociado a crímenes, a prostitución aparatosa, a timos y estafas. Milans del Bosch reunió un día a los reporteros encargados de los sucesos. “¡Estoy ya harto de eso del distrito quinto! Inventen otro nombre, busquen otra posible localización...” “¿Cuál? Nos expondremos a chocar con otros barceloneses...” “Déjense de distritos. ¡Inventen!, por ejemplo, Barrio Chino...” Como dicen los italianos, “se non é vero é beno trobato”, apostillo yo.>> 1 Será, sobretodo, a partir de los años veinte y treinta, que el barrio conseguirá fama internacional. Su vida nocturna era célebre en el mundo, como también lo era su imagen de barrio “canalla”. Ángel Marsà escribió un reportaje sobre el Distrito V, publicado por El Escándalo: <<La vida del Distrito V es una vida independiente de la del resto de Barcelona. La mayoría de los barceloneses no tienen siquiera una idea aproximada de lo que encierran las turbulentas y sombrías calles de este barrio pintoresco y vicioso. A mi siempre me ha interesado el Distrito V. Su calle del Conde de Asalto no tiene igual en el mundo entero.. En mis frecuentes viajes y dilatados viajes he intentado hallar en vano alguna calle que se le pareciera. Sólo en Constantinopla he visto rincones que tenían algún parecido con nuestra arteria principal de la vida alegre. ¡Qué misterios encierra el Barrio Chino barcelonés! ¡Qué ambientes folletinescos y de pinceladas melodramáticas!>> 2 


(Travestis anys vint al carrer del Cid)


Pero la historia del lugar donde se enclavó el Distrito V va mucho más lejos que la de su popularidad con el nombre de Barrio Chino. El espacio donde se construyo un mundo humano y social fue antes el arrabal de Barcelona. La segunda muralla cerraba la ciudad por el oeste con los límites del mar y la riera del Codolell, se trataba del antiguo arenal romano, que pronto se convertiría en <<rambla>> palabra árabe para designar aquel lugar arenisco lleno de guijarros (codolell en catalán). La riera recogía las aguas de la que se llamó Riera d’En Malla (actual Rambla de Cataluña), y las pequeñas rieras de un lado y otro del cauce, la d’En Prim; el torrente del Testament dels Ases;  la Riera del Pi, que le aportaban un caudal importante en los tiempos de lluvia. Al otro lado de la riera del Colodell o de la Rambla, creció un lugar con personalidad propia: El Raval de Barcelona. El nuevo “barrio” fue el principal huerto de la ciudad, su privilegiada situación la convirtió en un fructífero vergel. Había huertos por todo el espacio geográfico, la mayoría se beneficiaban de las pequeñas rieras que cruzaban este sector hacia el Codolell, eran importantes las huertas de San Pablo del Campo, la de la Bomba y de San Beltrán. En el margen derecho de la Rambla, bajando hacia el mar, se instalaron conventos, así como también en su interior, allí estaban representados: franciscanos, carmelitas descalzos, trinitarios, dominicos, jesuitas...  El convento más antiguo fue el de San Pablo del Campo. Le siguen en antigüedad el de San Antonio Abad, Priorato de Nazaret, San Lázaro, San Juan de Jerusalén, Montalegre, etc. De esta manera entre huertos y conventos nació el Raval.
El crecimiento de la ciudad fuera de las murallas obligó a las autoridades de la época, por la idea que se tenía en la edad media de la defensa, a construir una nueva muralla que circunvaló la ciudad antigua y su arrabal. La nueva muralla se perfiló desde las Atarazanas por el perímetro del actual Paralelo (entonces solo campo sin urbanizar) y las actuales Rondas. Al otro lado de la muralla se extendieron nuevos huertos que ascendían hacia la montaña de Montjuïc. Aunque el nuevo barrio se encontraba dentro de las murallas continuo siendo para los barceloneses el Raval.  Y, precisamente, más tarde se convirtió en esto, un lugar al margen, un espacio fuera de todo convencimiento social. Estas murallas se mantendrían en pie hasta más allá de la mitad del siglo XIX. Por estas fechas en que los higienistas gritaron ¡Abajo las murallas!, la industria ya había hecho acto de presencia en el barrio, habiéndose instalado, a finales del siglo XVIII, la primera fábrica de indianas o de manufacturas en la calle Trentaclaus –hoy Arco del Teatro-, pero la más importante fue la fábrica Erasmo Gómina, entre las actuales calles Riera Alta y Carmen. Al otro extremo del barrio, en las calles Lancaster, Olmo y Tapias, se instalarían fundiciones y, ya en el siglo XIX, en la calle Tallers se construyó la primera fábrica de vapor de España, la fábrica Bonaplata. Ésta fábrica seria incendiada, el 1835, durante el conflicto de las “selfactinas”, por los luddistas en su lucha contra la mecanización. 


(Incendi fàbrica el 1835)

Gracias a la desamortización de Mendizábal y Madoz, así como por los motines de la población contra los conventos, se liberalizó el suelo, permitiéndose que se empezará a construir viviendas donde antes había conventos o huertos. Al lado de las fábricas aparecieron los pisos para los obreros. La revolución industrial trajo consigo dos clases enfrentadas formada por los burgueses y los obreros, mientras los primeros eran dueños de todo, los otros tan sólo lo eran de su miseria. La concienciación y la lucha obrera no tardó en llegar. El descontento de los obreros estalló el verano de 1855 cuando se declaró la primera huelga general de España. Los trabajadores se manifestaron desde la plaza de San Agustín hasta el Llano de la Boquería, al grito de <<Viva Espartero. Asociación o Muerte>>, <<Pan y Trabajo>>.  Aquella lucha fue tan sólo el inicio de una marcha ascendente de concienciación proletaria. El Raval se convirtió pronto en el baluarte del movimiento obrero, tanto durante la Revolución de 1868 contra Isabel II, como por ser el epicentro de la organización de la Internacional en España, pues en 1870 tuvo lugar en el Teatro Circo Barcelonés de la calle Montserrat, el Primer Congreso Obrero Español, donde nació la Federación Regional Española de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).
La edificación de edificios, en las siguientes décadas, se expandió por todo el perímetro del barrio, y la especulación de la época hizo que no quedase ni un solo palmo de suelo sin edificar. Los espacios verdes y los huertos desaparecieron del todo, hasta llegar a un exceso de población. Los peligros antihigiénicos y de transmisión de enfermedades volvían a estar en el orden del día. Las epidemias fueron focos habituales de enfermedad y de muerte. Paralelamente a esta transformación urbana el Raval se erigió en el centro de diversión de Barcelona: bares, tabernas, cafés, pensiones, cabarets, music-halls... Se impuso la vida nocturna en la que se mezclaba los espectáculos de toda clase con la prostitución, la droga, la delincuencia y la ley del hampa. A esta vida bohemia hay que sumarle su condición de importante centro obrero, de aquí la facilidad con que las algaradas y revueltas lo llenaron, una y otra vez, de barricadas. Sus calles fueron sembradas, en muchas ocasiones, de sangre y dolor a causa de la lucha desigual entre el proletariado y la clase dominante. La ira estalló durante la Semana Trágica con el incendio de iglesias y conventos que afectaron a casi todos los centros religiosos del Raval. Los periodistas Jaume Fabre y Josep M. Huertas Clavería citan la lucha de las mujeres del barrio: <<Durante los hechos de la huelga revolucionaria de 1917 el antiguo Raval se llenó nuevamente de barricadas. Las mujeres del Raval fueron las primeras en ponerse los lazos blancos en la blusa en señal de protesta porque se llevaban a sus hombres a luchar a la guerra de Marruecos.>> 3 

El Raval fue el principal foco del anarquismo ibérico. Los anarquistas, que mantuvieron hasta el final de la guerra civil española la hegemonía del movimiento obrero catalán, tenían alguna de sus sedes y la redacción de sus publicaciones en locales del barrio: Acracia en la calle San Olegario; Solidaridad Obrera, en la calle Mendizábal (hoy Junta del Comercio), Tierra y Libertad en la calle de la Cadena; La Batalla, en la calle del Tigre; etc., que convivían con otros periódicos no anarquistas, Las Noticias, en la calle Guardia, y La Veu de Catalunya, en la de Ferlandina. En los años veinte se vivió de cerca la lucha de clases con el enfrentamiento de los pistoleros del Sindicato Libre (financiado por la patronal) y los del Sindicato Único; y en sus calles cayeron heridos de muerte obreros y represores. El caso que más conmovió a los barceloneses fue el asesinato del carismático líder de la CNT, Salvador Seguí “El Noi del Sucre”, acaecido el 10 de marzo de 1923, en la calle de la Cadena, en pleno corazón del Barrio Chino.
No sólo de lujuria, vicio y asesinatos vivía el barrio, también nacieron entidades que fueron importantes para la vida cultural de los trabajadores, como el Ateneo Enciclopédico Popular de la calle del Carmen. En este centro se desarrolló una educación popular que permitió a los obreros acceder a una formación y unos conocimientos que de otra forma no habrían conseguido. También destaco el Ateneo Sindicalista de la calle Ponent (actual Joaquín Costa) i el Ateneo del Districto V, donde en su elenco teatral debutó una jovencísima Margarita Xirgu. En el mismo sentido de difusión cultural hay que citar a las masas corales que agrupaban a los vecinos en una misión de fraternidad, solidaridad y progreso. A partir de 1914, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial, llegaron a Barcelona “exiliados” de toda condición que escapaban de aquella contienda. La Ciudad Condal se convirtió en un foco de espionaje, negocios sucios, financieros sin escrúpulos y gente del hampa. Corría el dinero y la burguesía reinició en Barcelona una nueva Belle Époque. Por aquellos años también llegaron a Barcelona artistas y poetas de las vanguardias, el dadaísta Francis Picabia fue uno de ellos. Marcelino Moreta, sobre este momento histórico, escribió: <<emigrantes voluntarios y forzosos, aventureros y contrabandistas, traficantes y espías; en ella se incubarían toda clase de negocios, se ofrecía el amor en cantidades industriales, el proxeneta podría desarrollarse sin formular un Plan y el alcohol y las drogas hallarían campo abierto para su expansión.>> 4 

Era los años dorados del Edén Concert. Entre el lujo y la miseria abrieron sus puertas por la Rambla y la zona baja del barrio muchos antros, algunos de los cuales, adquirirían una sonada fama. En primer lugar hay que hablar del Bar Centro, situado en la Rambla del Medio, frecuentado por revolucionarios, sindicalistas, poetas, periodistas, aprendices de toreros, cupletistas, crupiers...  En este bar se reunía la redacción del semanario Los Miserables, desde donde lanzaban sus proclamas revolucionarias Ángel Samblancat, Fernando Pintado, Lluís Capdevila, Emili Eroles y un jovencísimo Joan Salvat-Papasseit que, con el pseudónimo de Gorkiano, escribía sus artículos de Humo de Fábrica. 


 
(Cartell de la Criolla)


La bohemia barcelonesa vivió sus mejores momentos en ésta época y convirtió el barrio en su cuartel general. Cafés, tabernas, cabarets y burdeles aparecieron por doquier con nombres legendarios como La Criolla (donde las mujeres se prostituían por 30 céntimos), en la calle Cid, 10; Casa Sacristán (donde se podía encontrar fácilmente cocaína), también en la calle Cid, 7; La Mina, en la calle Arco del Teatro, 63; La Bombilla (charcutería de día y dancing-taxi de noche), en la calle San Pablo, 75; Juanito el Dorado (sala de flamenco), en la calle Guàrdia; Cal Peret (casa de comidas conocida por la “Taverna dels Tenors”, en la calle Robados, 17; La Mallorquina (donde se había ubicado una escuela de ladrones), calle Conde del Asalto; La Cazalla (donde corría el mejor aguardiente del barrio); el Pay-Pay (centro de reunión de sindicalistas), en San Pablo, 116; La Gran Peña, también en San Pablo, 83; El Ambigú, en la calle la Cera, 31; El Paraíso del Amor, en la calle Unión; el Villa Rosa, en el Arco del Teatro; Madame Petit, también en el Arco del Teatro; Cal Manquet, en el Portal de Santa Madrona; El Español, en el Paralelo;  El Excelsior, en la Rambla;  el Bataclán y el Pompeya, en Conde del Asalto (actual Nou de la Rambla); y muchos más que daban nota y color en un barrio que pronto adquirió fama mundial.
La situación “portuaria” del barrio, idónea para los negocios sexuales, atrajo a los viajeros o marineros que llegaban a Barcelona. El paisaje pintoresco del barrio con sus lupanares, pensiones o meublés, casas de lavajes y gomas, bares de camareras, bailes-taxi, music-hall, escuelas de baile, casas de empeño, merenderos, colmados flamencos, tabernas de mala muerte y cabarets de lujo, etc., fueron el principal ingrediente de los paraísos artificiales del cóctel de sexo, droga y alcohol. Este cóctel molotof se hizo patente en el barrio con los diversos ingredientes marcados por estos síntomas de tipo bohemio, revolucionario, marginal, alegre, pasional, pecador y fuera de la ley. En él convivirán sin ponerse trabas un conglomerado humano formado por familias trabajadoras, artesanos, comerciantes, vendedores callejeros, estibadores del puerto, prostitutas, proxenetas o macarras, “maricas”, artistas de cabaret, cantantes de flamenco, vagabundos, “trinxeraires”, limpiabotas, ladrones finos, delincuentes del hampa, trileros, pederastas, marineros de paso, voyeurs y curiosos. El día y la noche constituían la frontera de la moral. El barrio fue escenario de crímenes y  de escarnios, pero también de diversión y de trabajo. No faltaron a lo largo de los años las campañas moralizantes de las autoridades y de la iglesia, algunas de éstas se centraron en el cierre de casas de lenocinio y en el recorte de los horarios de cierre de los locales de la noche.
 


(Bombardeig a un carrer del Raval)


Durante la guerra civil los bombardeos castigaron duramente el barrio, la zona de Atarazanas fue casi del todo destruida, cosa que facilitó, posteriormente, el derribo de casas para la apertura de la Avenida García Morato (actual Drassanes). De esta manera desapareció la parte más emblemática del Barrio Chino, las calles Mediodía, Trentaclaus, Arco del Cirés y pedazos de las calles Cid, Peracamps, Portal de Santa Madrona y Mina. Con el inicio de la posguerra, el Barrio Chino entró en declive, ayudó a ello también la decadencia del Paralelo. La censura franquista se encargó de eliminar todo aquel espectáculo que fuese considerado pecaminoso. Por otra parte las campañas moralizantes y mojigatas del nuevo régimen acabaron de hacer el resto. El nacionalcatolicismo imponía su ideología marcada por la doble moral. La mayoría de establecimientos de diversión fueron cerrando sus puertas. La mala prensa sobre el barrio hizo hincapié en la leyenda del Barrio Chino. La dura posguerra extendió la miseria por sus calles y la prostitución entró en la cuesta de la marginación, situando entonces sus centros principales en las calles Tapias, San Ramón, Robador, San Rafael y Cadena. La burguesía, marcada por el rasante de la doble moral, creó sus lugares de recreo, de placer y de diversión en otras zonas. En los años cuarenta, años de racionamiento y de estraperlo, los ricos burgueses y los jefes del Movimiento pasaban sus noches de placer en locales situados en la zona alta de Barcelona, como El Copacabana, La Rosaleda, El Cortijo, Monterrey o La Parrilla del Ritz. La abundancia, la ostentación y el derroche formaba parte de los nuevos o viejos ricos vencedores de la guerra. Mientras tanto abajo los vencidos en todos los frentes luchaban por sobrevivir... Pero la fuerza literaria del Barrio Chino había influido en el imaginario de diversos escritores que, sobre todo, a  partir de los años veinte escribieron sus obras inspirados en el ambiente de este lugar. 


 
(Coberta del llibre Sangre en Atarazanas de Francisco Madrid)


Destacan las obras de Francisco Madrid autor de Sangre en Atarazanas; Adrián del Rey, El hechizo de Barcelona; Doménec de Bellmunt, L’Àngel Bohemi; Emili Salut, Vivers de Revolucionaris, apunts del disctricte Vè; G. Núñez de Prado, Los Apaches; Lluís Elias, Barris Baixos; Ilia Ehrenburg, España, República de Trabajadores; Rafael Vidiella, Los de Ayer; Juli Vallmitjana, La Xava; Josep M. de Sagarra, Vida privada; Jean Genet, El ladrón; Josep M. Planes, Nits de Barcelona; H. E. Kaminski, Els de Barcelona; George Orwell, Homenatge a Catalunya; André Malraux, L’Espoir; André Pieyre de Mandiargues, La Marge; Paul Morand, Ouvert la nuit; Pierre Mac Orlan, La Bandera (esta novela fue llevada al cine con el título de "Quai des Brumes", siendo interpretada por Jean Gabin); Francis Carco, La Bohème et mon coeur; Ángel Zúñiga, Barcelona y la noche; etc. El embrujo del Barrio Chino inspiró también a los poetas, algunos de los poemas que cantan el barrio fueron recogidos por Sebastián Sánchez-Juan en una antología que fue publicada en 1948.
La Barcelona gris y represiva del franquismo tuvo en su Barrio Chino, a pesar de todo, un escape para los sentidos, la expresión <<bajar al Chino>> se hizo popular y aunque el barrio ya no tenía nada que ver con su esplendor de los años anteriores a la guerra civil, todavía mantenía algunos puntos calientes, lugares que fueron frecuentados por los barceloneses que tenían ganas de distracción sexual. Paco Villar, en su Historia del Barrio Chino, escribe: <<La calle Robador estaba muy marcada por la prostitución. A parte de las tres mancebías existentes, paseaban por sus estrechas aceras un gran número de putas. Habían bares que permanecían abiertos durante toda la noche, excepto de tres a cinco de la madrugada, horas en que cerraban el establecimiento pero que no despedían al público que continuaba bebiendo dentro del mismo.>> 5  

La decadencia se notó en la vida nocturna y en los espectáculos. El Paralelo perdió su hegemonía teatral, los locales fueron cerrando y en su lugar aparecieron las salas de cine, que sirvió como gran evasión de la realidad. Dentro de las salas oscuras de los cines del barrio llegaba todo el glamour de Hollywood. Así por esta época se estrenaron films como Gilda o Escuela de Sirenas. Las actrices y actores de Hollywood, Clark Gable, Rita Haywort, Glenn Ford, Tirone Power, Maria Montez y Esther Williams llenaron el vacío que la gris vida barcelonesa ofrecía. Pero el Barrio Chino, a pesar de todo, continuó atrayendo a los escritores de la ciudad durante la posguerra, así también como a los cineastas que rodaron películas ambientadas en el barrio como Hay un camino a la derecha, de Rovira Beleta; La calle sin sol, de Rafael Gil; Noches de vino tinto, de José María Nunes; Bilbao, de Bigas Luna; etc.; y, ya más recientemente, En construcción, de José Luís Guerín.
El ambiente, las calles y los bares sirvió de marco a los escritores para escribir sus novelas. Nuevamente se puso de moda algunos bares como el Marsella, el London o el Pastís donde era frecuente encontrar a autores jóvenes tertuliando frente a una Absenta o una copa de Pernod. Otros viajeros del barrio acudían a las viejas tabernas, que habían sobrevivido en el tiempo, a tomar cazalla o “barrechas”. Otra distracción que sobrevivió al naufragio de la guerra fueron algunos “colmados” y viejos antros como la Bohemia, donde se podía disfrutar de música en directo con la actuación de artistas que cantaban flamenco, copla española y canción ligera.
 

(Un carrer del Barri Chino anys seixanta)


La fantasía social chocaba con la realidad de la época marcada por la escasez económica, el racionamiento, el miedo y la miseria moral y cultural. La gente burguesa y de bien ya no se aventuraba a bajar al Barrio Chino. Las Rondas por un lado, el Paralelo por el otro y la Rambla ejercían de frontera invisible. Por eso no es extraño que personajes como Andrea, la protagonista de Nada de Carmen Laforet, se adentra en el sur de la Rambla como quien desciende a los infiernos. Otros autores buscaban en el Barrio Chino lo pintoresco, exótico y maldito que no encontraban en otros rincones de la ciudad. Terenci Moix, rememorando la poética que encontraron esos autores en el Barrio Chino, escribía: <<Extraña, turbadora mezcolanza que, no debemos olvidarlo, también es una muestra de identidad ciudadana. Esa identidad, que también sabe mucho más que los “maudits”, es más evolutiva que todos los cernícalos que intentan domesticarla. Tan evolutiva es que ahora, en el Barrio Chino, se habla el árabe.>> 7
El Barrio Chino desapareció para volver a ser el antiguo Raval, pero, a pesar de toda la cirugía de diseño posmodernista, ha continuado manteniendo su encanto y su filosofía, que han plasmado en sus obras autores (novelistas, poetas, cantantes, historiadores, periodistas) como Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Joaquín Marco, Robert Saladrigas, Maruja Torres, Víctor Mora, Ana María Moix, Josep M. Benet i Jornet, Eduardo Mendoza, Josep M. Huertas Clavería, Joan Manuel Serrat, Sisa, David Castillo, Rafael Vallbona, Paco Villar, Marc Martínez, Mei Vidal, Mateo Rello... y yo mismo que escribí, La Rambla del Raval, un canto generacional al desaparecido Barrio Chino.

Notes:
1)    Sempronio, <<Los nuevos bajos fondos>>, La Vanguardia, 24 de març de 1999.
2)    A. Marsà, <<Los bajos fondos: escuela de ladrones>>, El Escándalo, núm. 14, 24-1-.1926.
3)    Jaume Fabre y J. M. Huertas Clavería, Tots els barris de Barcelona, Vol. VII, Edicions 62, BCN, 1977, pàg., 309.   
4)    Marcelino Moreta, Historias de Barcelona, Ed. Literarias y Científicas, BCN, 1971.
5)    Paco Villar, Historia del Barrio Chino, La Campana, BCN, 1996, p. 184.
6)    Sempronio, <<Los nuevos bajos fondos>>, op. cit.,
7)    Terenci Moix, “Poética de Gabin en el barrio chino”, La Vanguardia, 21 de marzo de 1999.




Ferran Aisa-Pàmpols
(Article inèdit)

5 comentarios:

  1. Fantastica descripción de lo que fue el Gran Barrio Chino, con todos sus nombres y minuciosos detalles.Todo muy digno de memorizar.

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  2. Extraordinaria historia de un barrio, que representa y ha influido en varias generaciones de barceloneses, catalanes y españoles de las clases populares, de la cual formó parte, y en nombre de ella doy las gracias al autor por reflejar de forma nítida y clara una realidad histórica representativa de este país. Una vez más gracias.

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  3. Extraordinaria historia de un barrio, que representa y ha influido en varias generaciones de barceloneses, catalanes y españoles de las clases populares, de la cual formó parte, y en nombre de ella doy las gracias al autor por reflejar de forma nítida y clara una realidad histórica representativa de este país. Una vez más gracias.

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  4. Quisiera saber más sobre la calle del Cid en los años 1910.1918, Gracias por tratar el tema tan detalladamente. Tengo un interés grande por saber más.

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  5. Muy buen trabajo de documentación. Sólo por poner un pero, me falta información, de los al los 40 en adelante que es cuando mi familia se vino a vivir aquí y en la mítica calle San Jerónimo, hoy Rambla del Raval, nacimos mis 4 hermanos y yo.

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